Derecham izquierda y falso comunismo
DERECHA, IZQUIERDA Y FALSO COMUNISMO
La política moderna suele presentarse como un campo de batalla entre dos fuerzas irreconciliables: la derecha y la izquierda. Sin embargo, esta oposición es más evidente que real.
Ambas corrientes son facciones internas del modo de producción capitalista. La derecha defiende el mercado, la iniciativa privada y la competencia como motor de la economía; La izquierda, por su parte, aboga por la nacionalización, una economía regulada y el control estatal. Dos caminos diferentes, sí, pero ambos conducen al mismo destino: la perpetuación de las relaciones capitalistas de producción.
Muchas personas, por ignorancia o desconocimiento histórico, creen que la nacionalización es equivalente al socialismo. Confunden la presencia del Estado en la economía con la abolición de la lucha de clases. Pero el socialismo auténtico no se reduce a que el Estado administre empresas o nacionalice sectores estratégicos. El socialismo implica que los trabajadores controlan directamente los medios de producción, que la explotación desaparece y que la sociedad se organiza consciente y colectivamente.
En los países que se proclamaban socialistas — la URSS, China, Cuba, Venezuela — lo que realmente se estableció fue el capitalismo de Estado. No hubo desaparición de bienes ni de trabajo asalariado. La propiedad privada individual fue reemplazada por la propiedad colectiva por parte de la burocracia estatal, no por la gestión directa de los trabajadores.
El trabajador continuó vendiendo su fuerza de trabajo a cambio de un salario, mientras que el valor excedente era apropiado por el Estado. La diferencia fundamental es que, en el capitalismo privado, la explotación la ejerce un individuo sobre otro; En el capitalismo estatal, la explotación la ejerce el Estado sobre el individuo.
El propio Lenin reconoció en su panfleto El Estado y la Revolución que la URSS no había alcanzado el comunismo, sino que se encontraba en una fase de capitalismo estatal. Lo que se estableció allí fue un sistema en el que el Estado absorbía la economía, centralizaba la producción y organizaba la explotación de forma más eficiente, pero sin abolir las relaciones capitalistas fundamentales.
China repitió el mismo patrón. Bajo el lema de 'socialismo con características chinas', fusionó el capital privado y el capital. Hoy es una potencia capitalista que compite en el mercado mundial con las mismas reglas de valor, competencia y explotación que cualquier otro país.
En Cuba, las nacionalizaciones masivas crearon la apariencia de una sociedad sin burguesía, pero los burócratas estatales gozaban de privilegios muy superiores a los de cualquier trabajador. La planificación centralizada no eliminó la explotación, simplemente la reorganizó bajo un aparato estatal omnipresente.
Venezuela, por su parte, utilizó la retórica socialista como una bandera política, manteniendo intactas las relaciones capitalistas de producción. El petróleo, motor de su economía, era administrado por el Estado como capital nacional, no como patrimonio colectivo de los trabajadores. La desigualdad, la corrupción y la dependencia del mercado mundial son prueba de que el comunismo no se construyó allí, sino más bien una variante del capitalismo estatal.
El comunismo auténtico, entendido como la abolición de las clases sociales y la gestión directa de la producción por parte de los trabajadores, nunca ha existido en estos países. Lo que ha reinado es un Estado hipertrofiado, frío y burocrático que devora a la sociedad civil y se presenta como un salvador mientras perpetúa la explotación. La intervención estatal no es una racionalización del capitalismo, sino una manifestación de su decadencia. Es un intento desesperado de mantener un sistema que ya no puede organizar espontáneamente las relaciones humanas y necesita violencia y burocracia para mantenerse a flote.
En conclusión, la derecha y la izquierda son dos caras de la misma moneda: una defiende el mercado, la otra la nacionalización. Ambos reproducen las mismas relaciones explotadoras. Los países que se proclamaban socialistas nunca lo han sido; son ejemplos de cómo el capitalismo estatal puede disfrazarse de revolución, apropiarse de símbolos y palabras, y construir una de las mayores mistificaciones de la historia. El verdadero socialismo sigue siendo una tarea pendiente, aún por realizarse en ningún rincón del planeta.
(Traducción de un artículo de Juan Morel Pérez publicado en El Neuvo Diario en República Dominicana.)
Socialist Standard
Comentarios
Publicar un comentario